Adolescencia
Adolescentes y pantallas
Las pantallas cumplen distintas funciones en la vida adolescente: permiten estudiar, jugar, crear, informarse y mantener vínculos. Su impacto no depende únicamente del tiempo de uso. También intervienen el tipo de contenido, el contexto, el horario, la vulnerabilidad individual y las actividades que quedan desplazadas. La evidencia disponible no permite afirmar que todas las redes produzcan el mismo efecto ni que su uso sea irrelevante para la salud mental.
Además del tiempo de exposición, conviene observar la finalidad del uso, el estado emocional posterior y su efecto sobre el sueño, el estudio, la actividad física y los vínculos presenciales.
Hallazgos de la investigación reciente
Una revisión sistemática con metaanálisis de 2024, que reunió 182 estudios y más de un millón de participantes jóvenes, encontró asociaciones pequeñas pero significativas entre uso de redes sociales, depresión y ansiedad. El uso problemático mostró vínculos más claros con malestar y problemas de sueño. Los resultados fueron muy heterogéneos, por lo que los autores subrayan que no todas las personas ni todas las formas de uso tienen el mismo efecto.1
Otra revisión señala que muchas asociaciones entre redes y salud mental son débiles o inconsistentes y que existen diferencias importantes entre adolescentes.2 Esto ayuda a evitar dos errores: minimizar señales reales porque “todos usan el teléfono” o atribuir cualquier malestar a la pantalla sin comprender lo que ocurre en la vida del adolescente.
Relación entre pantallas y sueño
El uso nocturno puede retrasar la hora de dormir por varios caminos: quita tiempo, mantiene la mente activada, expone a notificaciones y hace difícil cerrar una conversación o un juego. Un estudio longitudinal de 2024 encontró que determinadas conductas con pantallas al acostarse se asociaban con resultados de sueño menos favorables un año después.3 Dormir poco no solo produce cansancio; influye en atención, regulación emocional, aprendizaje y capacidad para afrontar conflictos.
Indicadores que requieren atención
- abandono persistente de actividades, responsabilidades o encuentros que antes importaban;
- uso nocturno que deteriora el sueño y dificulta levantarse;
- irritabilidad intensa cuando no puede conectarse, junto con intentos fallidos de reducir el uso;
- comparación constante, vergüenza corporal o caída marcada del ánimo después de conectarse;
- acoso, amenazas, presión sexual, difusión de imágenes o contacto con adultos desconocidos;
- uso del teléfono como única estrategia para no sentir tristeza, ansiedad o soledad.
Ninguna señal aislada confirma un trastorno. Lo importante es el patrón, su intensidad y el impacto en la vida cotidiana. Si hay autolesiones, ideas de muerte, extorsión sexual o riesgo inmediato, se requiere apoyo profesional y de emergencia; no es suficiente quitar el dispositivo.
Pautas para conversar y establecer acuerdos
Una conversación informativa comienza con preguntas abiertas sobre el uso de cada plataforma, las experiencias agradables o incómodas y los efectos que el adolescente reconoce en su sueño o estado de ánimo. Escuchar antes de establecer conclusiones permite identificar si la actividad digital ofrece pertenencia y creatividad o si está asociada a presión social, hostigamiento o exclusión.
Los acuerdos funcionan mejor cuando son específicos, revisables y también comprometen a los adultos. Por ejemplo: cargar teléfonos fuera del dormitorio, mantener momentos sin pantalla durante comidas, desactivar notificaciones nocturnas y acordar qué hacer ante contenido amenazante. Supervisar no debe convertirse en vigilancia secreta habitual; la privacidad puede graduarse según edad, madurez y riesgo, explicando con claridad cuándo y por qué un adulto necesita intervenir.
Aporte de una mirada gestáltica
Desde la Gestalt, se busca comprender la función que la pantalla cumple en cada momento: contacto con amistades, descanso, expresión, reconocimiento, evitación o temor a quedar fuera. También se observan las respuestas corporales y emocionales, como tensión, aceleración, aburrimiento, alivio o desconexión. El objetivo es ampliar el darse cuenta para que el adolescente reconozca sus necesidades y desarrolle mayor capacidad de elección.
Acompañar implica límites y relación. Un adolescente suele necesitar estructura adulta, pero también participación en las decisiones y oportunidades para desarrollar autorregulación. Si el uso de pantallas está unido a ansiedad, aislamiento, conflicto familiar o caída del rendimiento, una evaluación clínica puede ayudar a comprender qué problema está intentando resolver ese uso y qué apoyos serían más adecuados.
Fuentes y lecturas
Selección de estudios y textos que fundamentan este artículo. Los resultados se presentan con sus límites y no sustituyen una evaluación clínica.
- Ahmed, O. y cols. (2024). Social media use, mental health and sleep: A systematic review with meta-analyses. Journal of Affective Disorders.
- Valkenburg, P. M. y cols. (2022). Social media use and its impact on adolescent mental health: An umbrella review of the evidence. Current Opinion in Psychology.
- Nagata, J. M. y cols. (2024). Bedtime Screen Use Behaviors and Sleep Outcomes in Early Adolescents: A Prospective Cohort Study.
- Santos, R. M. S. y cols. (2023). The associations between screen time and mental health in adolescents: a systematic review. BMC Psychology.

